Ana Zagari, reconocida intelectual en el mundo de la filosofía y docente e investigadora del IFIL (USAL), presenta algunos conceptos sobre la dimensión cultural y educativa de la Laudato Si´, eje de su charla en la XVIII Jornada de Pastoral Social.
Ex decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad del Salvador y directora de Culto Católico de la Cancillería del 2003 al 2013, actualmente es directora académica de la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro.

  • ¿Cuáles son los principales desafíos que plantea la Laudato Si`?

Para mi el principal desafío es el que surge de un problema, que es la desigualdad; de ahí surge todo lo que Francisco plantea en la Carta como desafíos y como líneas de posibles soluciones… fijate que por primera vez y lo dice en la Carta, en la humanidad hay comida para todos y hay hambre. Entonces desde esa perspectiva el desafío es la justicia social; la distribución de los bienes a los que tenemos acceso muchos pero resulta que somos privilegiados en relación a otros muchos que no tienen acceso a nada (ni a la comida, al agua o a una casa)

  • ¿Qué implica abordar la Laudato desde la perspectiva de la educación y la cultura?

A mi me parece interesante que Francisco avise que la Laudato no es una encíclica ecológica sino social o en todo caso de una ecología integral y en ese punto estamos con mucho trabajo para hacer desde la perspectiva cultural y también en la perspectiva educativa, incluso en la educación formal. Yo tengo alumnos jóvenes y nietos que se cuidan de no tirar el papel en la vereda… ahora eso es muy poco en relación a lo que hay que transmitir como educadores y también a lo que hay que aprender de los propios chicos en ese sentido; tomar esa cuestiones que la escuela lo ha propuesto en algún punto pero que me parece se ha quedado corta.

El desafío es precisamente salir de un egoísmo en el que nos ha puesto el sistema injusto del capitalismo para ir a una cultura solidaria, una cultura del nosotros, del dialogo y eso culturalmente lleva tiempo pero éste es un puntapié muy grande para tomarnos de él y para ir para atrás y para adelante. Porque como el propio Papa plantea, la Iglesia tiene mucho trabajado sobre esto ¿no?. La Doctrina Social o el Evangelio retomadas por un Papa aparecen como novedosas y ese plus hay que relanzarlo.

  • ¿Cuáles son los conceptos que mas te impactaron de esta Carta Encíclica?

La cuestión de pensar la ecología de manera integral, pensando en que efectivamente los derechos de los animales y de la naturaleza son de la mayor importancia pero que hay una posibilidad de interactuar con ellos sin desacralizar; me parece que mucha visión de la ecología contemporánea toma un racionalismo que produce efectos bumerang de los que quiere llegar a producir. Como decía San Francisco, la cultura tiene que ver con el cultivo, es decir, que el hombre interviene en la naturaleza y sobre la naturaleza, y para sí y a la vez poder dejar un pequeño lugar del jardín para  que florezcan las flores. Si lográramos –que en el capitalismo es muy difícil- esa concepción creo que podríamos retomar toda la Doctrina Social de la Iglesia y volver a considerar de manera sagrada la Vida.

  • ¿Qué mensaje te dejó la Encíclica cuando terminaste de leerla?

A mi me causó mucha alegría y sorpresa –no porque no lo conociera en escritos anteriores a Bergoglio- porque es una obra en sí mismo que tiene una consistencia lógica muy fuerte que tiene que ver con lo que para mí es la inversión en la consideración del poder: cuando Enrique (Del Percio) plantea la cuestión del deseo, el deseo y poder ser van muy ligados. Francisco está diciendo que el poder está en los pueblos, en el deseo de quererlo todo de manera trascendente, en el cuidado de sí y por lo tanto en el cuidado del otro y de la naturaleza, y en la posibilidad de pensar que aunque estemos sometidos a las leyes positivas de la sociedad civil, está la posibilidad de hacer comunidad en el deseo trascendente y eso nos da poder y hay que trabajar para eso.

La otra cosa que presenta Francisco es la cuestión de la vida: cómo cuidar ese don que no nos es una propiedad y como tender al Bien Común, que es lo opuesto a la propiedad privada. Para mí, que vengo del ámbito de la filosofía pero también de la militancia, el reconocer a la política y a su ejercicio como una actividad noble –porque el político y la política tienden al Bien Común- es también un punto que me interesa resaltar de la Encíclica.


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