La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) recordó a monseñor Miguel Esteban Hesayne, fallecido ayer domingo 1 de diciembre en la ciudad bonaerense de Azul, como un pastor que “anunció incansablemente con voz profética la inviolable dignidad de la persona humana, entrañable amor a los pobres y, hasta sus últimos días, servidor del Evangelio de la vida”.

El episcopado envió una carta de condolencia a la diócesis de Viedma, donde monseñor Hesayne fue obispo, en la que hizo memoria agradecida de su persona.

“Hacemos memoria agradecida de este hermano nuestro Miguel Esteban, celoso pastor de su pueblo que desde la fidelidad al Evangelio de Jesucristo trascendió las fronteras de la Iglesia, de cuya enseñanza social fue siempre ardiente discípulo y testigo”, sostuvo.

La carta fue remitida al obispo de Viedma, monseñor Esteban María Laxague SDB, y lleva la firma del presidente de la CEA, monseñor Oscar Vicente Ojea, y de su secretario general, monseñor Carlos Humberto Malfa.

Texto de la carta
Querido Hermano:

En nombre de esta Conferencia Episcopal compartimos los sentimientos de dolor y esperanza de esa Diócesis, como de la Iglesia en Argentina y la comunidad nacional por la muerte de Mons. Miguel Esteban Hesayne, Obispo emérito de Viedma.

Hacemos memoria agradecida de este Hermano nuestro Miguel Esteban, celoso pastor de su pueblo que desde la fidelidad al Evangelio de Jesucristo trascendió las fronteras de la Iglesia, de cuya enseñanza social fue siempre ardiente discípulo y testigo.

Con su vida y su palabra anunció incansablemente con voz profética la inviolable dignidad de la persona humana, entrañable amor a los pobres y, hasta sus últimos días, servidor del Evangelio de la vida.

Siempre atento a acompañar el camino de la Iglesia con sus aportes y reflexiones, ha sido para nosotros un edificante testimonio de fraterna comunión espiritual.

Con el Shalom de Jesús resucitado, como él comenzaba sus cartas, lo entregamos al amor misericordioso del Padre desde la ternura maternal de María de la Visitación a la que le había confiado su vida y su muerte.

Te saludamos fraternalmente en Cristo y María Santísima.

 

 


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