“La Eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo y somos comidos por Él, dice San Agustín. Al participar del banquete del Cielo tan generoso y abundante, y sin tener en cuenta nuestras miserias, nos compromete a preparar banquetes para los más pobres de la tierra. Compartir con ellos es el mejor modo de reconocer en nuestros hermanos el rostro de Jesús”, sostuvo al reflexionar sobre el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y peces.

“Siempre se puede hacer algo más por el prójimo, que la pura declamación de intenciones y promesas incumplidas”, agregó.

El primado destacó que “Jesús también se presentó diciendo: ‘Soy la puerta de las ovejas, el que entra por Mi se salvará, podrá entrar y salir, y siempre encontrará su alimento’. La Puerta Santa de la catedral, que hoy traspasaron, lo representa a Él, Él es la puerta. Y al entrar por Él nos comprometemos a asimilar su modo de ser de amar, de compadecernos de nuestras debilidades y perdonarnos mutuamente”.

“Descubramos en el sacramento la plena manifestación del inmenso e incondicional Amor divino, incondicional porque nunca lo retira y si el misterio nos pasa por encima acudamos a la Virgen Madre porque el cuerpo y sangre que recibimos en la Eucaristía sabe a María”, aseguró.

“Ella es madre de misericordia por haberse convertido en el primer sagrario viviente del Niño Dios, el que vino a revelarnos el rostro misericordioso del Padre”, agregó.

Tras afirmar que “la Virgen María siempre nos recibe en el umbral de la Puerta Santa y así podamos escuchar el suave y dulce consejo que nos dejó en Caná”, preguntó a los fieles si lo recordaban y estos respondieron: “Hagan lo que Él les diga”.

Fuente: AICA


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