“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?” se pregunta y nos pregunta el papa Francisco casi como puntapié inicial en su esperada primera encíclica `Laudato si, sobre el cuidado de la casa común´.

Es precisamente esta interpelación la que se encuentra en el centro del documento y lo atraviesa transversalmente a lo largo de los 6 capítulos; fiel a su lenguaje simple y directo, y planteando la preocupación por el medioambiente como un todo, Francisco nos interroga sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida en sociedad (¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra?) ya que si no nos planteamos estas preguntas de fondo “no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes” dice el Papa.

En esta línea de pensamiento es interesante destacar como retoma de San Juan Pablo II el concepto de “conversión ecológica”; es decir, adoptar un cambio de actitud inmediato ante el desafío de custodiar “la casa común”.

Al mismo tiempo, el papa Francisco reconoce que “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta” dejando traslucir una mirada de esperanza que atraviesa toda la encíclica.

¿Cuáles son los problemas ambientales que señala Francisco? Principalmente el calentamiento global y la contaminación; la cuestión del agua; la pérdida de biodiversidad; el deterioro de la calidad de la vida humana y decadencia social; la inequidad planetaria y la debilidad de las reacciones junto a una diversidad de opiniones.

En esta perspectiva, el Papa Francisco realza y propone un diálogo honesto en los diferentes estamentos de la sociedad que facilite procesos de decisión transparentes. Y recuerda que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico.

 


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