En su intervención monseñor Fisichella citando el tema central de esta jornada afirmó que de las palabras del mensaje del Papa este año brotan una mirada y una acción de esperanza, porque, sobre todo, “los pobres tienen que vivir este momento con la certeza que proviene de la confianza en la intervención del Señor” y que la trama del documento lleva a reflexionar sobre dos coordenadas: la descripción de las nuevas formas de pobreza que están ante nuestros ojos todos los días, y la acción concreta de los que con su testimonio pueden ofrecer esperanza.

El prelado observó que no era casual que en el mensaje el Papa hiciera referencia a la figura de un gran apóstol de nuestro tiempo fallecido hace unas semanas, Jean Vanier, que con su obra El Arca, “devolvió la esperanza a aquellos para quienes el mundo ya había decretado una vida de soledad, infelicidad y discriminación, convirtiéndolos en protagonistas de su vida y en la de muchos que se han dedicado a ellos. Ciertamente, testimonios tan fuertes hacen que emerjan aún más claramente la desigualdad de nuestros días y las dramáticas formas de injusticia, a menudo, resultado del enriquecimiento anómalo de unos pocos frente a la pobreza de tantos. La Iglesia no puede cerrar los ojos ante este drama, y mucho menos callar. En este contexto, el valor de la llamada a encontrar al pobre se vuelve urgente”. 

Almuerzo con 1500 pobres de Roma 
A continuación el prelado describió las iniciativas que para esa jornada ha organizado el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización como responsable de la jornada:

El ambulatorio en la Plaza de San Pedro donde los necesitados pueden recibir atención médica gratuita y por el que el año pasado pasaron más de 3.000 personas, de las cuales el 77.8% sin trabajo y el 19.7% % subempleados.

Otro acto será el almuerzo con el Santo Padre para 1.500 pobres en el Aula Pablo VI, al que seguirá la celebración de la Misa en San Pedro para concluir la jornada con la III edición del Concierto “Con los pobres por los pobres” siempre en el Aula Pablo VI, en el que participará el maestro Nicola Piovani, ganador de un Oscar junto con el maestro monseñor Marco Frisina.

El mensaje de este año parece concluir una primera etapa -notó monseñor Fisichella-. En 2017: “No amemos de palabra sino con obras” se refería a una acción concreta que expresa la caridad; en 2018: “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” se tocaba el tema de la confianza y de la fe, de quienes se confían a Dios con todo su ser; en 2019: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”, se refiere a la esperanza, un poco como en la visión de Charles Péguy, que la describe como la hermana menor de la fe y la caridad; es la más pequeña, la más escondida, pero empuja a las otras dos y les da la fuerza necesaria”.

Ecos de la Jornada en el mundo 
Por su parte monseñor Graham Bell, secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, se refirió al eco de la II Jornada Mundial de los Pobres, celebrada en noviembre pasado en todas las diócesis del mundo.

En Europa se organizaron almuerzos para los pobres en Ales-Terralba (Italia), Westminster (Reino Unido) o Berlín (Alemania), acompañados siempre de iniciativas de concientización sobre la necesidad de una atención especial para los grupos más débiles y marginados de la sociedad.

En América del Norte, la diócesis de Edmonton (Alberta) hizo lo propio, mientras en América Central, los obispos mexicanos publicaron una carta titulada “El grito del pobre”, para llamar la atención sobre la Jornada y reflexionar sobre el concepto de pobre en México.

“Como se puede ver –terminó monseñor Bell- la Jornada Mundial de los Pobres se está consolidando. La intuición del papa Francisco, por lo tanto, permanece como una acción concreta que en esta semana se llena de iniciativas para llegar al domingo como punto culminante”.


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