(AICA) La Fundación Pontificia “Gravissimum educationis“, instituida con el quirógrafo del Santo Padre Francisco el 28 de octubre de 2015, presentó este viernes 22 de septiembre en la Sala de Prensa de la Santa Sede el documento “Educar al humanismo solidario. Para construir una civilización del amor 50 años después de la Populorum progressio”.

Para leer o descargar el documento, haga click en el siguiente link: https://www.pastoralsocialbue.org.ar/documento/documento-educar-al-humanismo-solidario-construir-una-civilizacion-del-amor-50-anos-despues-la-populorum-progressio/

El documento contiene las líneas generales de educación al humanismo solidario, y se enviará a todas las conferencias episcopales para que lo transmitan a las 215.000 escuelas católicas y a las 1.760 universidades católicas en los diversos continentes.

El escrito considera que la Populorum progressio, es el documento programático de la misión de la Iglesia en la era de la globalización, y que “la sabiduría que emana de sus enseñanzas continúa a guiar aún hoy el pensamiento y la acción de quienes quieren construir la civilización del ‘humanismo pleno’ ofreciendo ‘modelos practicables de integración social’ surgidos del ventajoso encuentro entre ‘la dimensión individual y la comunitaria’”, integración que “expresa los objetivos de la ‘Iglesia en salida’”.

Ante las múltiples crisis que atraviesa el mundo contemporáneo, “la paz está constantemente amenazada”, y los conflictos son causa o efecto de las inequidades económicas y de la injusta distribución de los bienes de la creación, generando “pobreza, desempleo y explotación”.

“De particular importancia es el complejo fenómeno de las migraciones, extendido en todo el planeta, a partir del cual se generan encuentros y enfrentamientos de civilizaciones, acogidas solidarias y populismos intolerantes e intransigentes”, detalla el documento.

Humanizar la educación
En cuanto a “Humanizar la educación”; plantea que es necesario “transformarla en un proceso en el cual cada persona pueda desarrollar sus actitudes profundas, su vocación y contribuir así a la vocación de la propia comunidad”. Significa

“poner a la persona al centro de la educación, en un marco de relaciones que constituyen una comunidad viva, interdependiente, unida a un destino común”.

“Humanizar la educación significa, también, reconocer que es necesario actualizar el pacto educativo entre las generaciones. De manera constante, la Iglesia afirma que ‘la buena educación de la familia es la columna vertebral del humanismo’ y desde allí se propagan los significados de una educación al servicio de todo el cuerpo social, basada en la confianza mutua y en la reciprocidad de los deberes”.

Una educación humanizada, explica, “se trata de una educación sólida y abierta, que rompe los muros de la exclusividad, promoviendo la riqueza y la diversidad de los talentos individuales y extendiendo el perímetro de la propia aula en cada sector de la experiencia social, donde la educación puede generar solidaridad, comunión y conduce a compartir”.

Cultura del Diálogo
Respecto a la “Cultura del Diálogo”, la vocación a la solidaridad “llama a las personas del siglo XXI a afrontar los desafíos de la convivencia multicultural”. Los participantes al diálogo “deben ser libres de sus intereses contingentes y deben ser disponibles a reconocer la dignidad de todos los interlocutores”. Se trata de una ‘gramática del diálogo’, como lo indica el Papa Francisco, “que logra ‘construir puentes […] y encontrar respuestas a los desafíos de nuestro tiempo’”.

El documento sostiene que

“la educación al humanismo solidario tiene la grandísima responsabilidad de proveer a la formación de ciudadanos que tengan una adecuada cultura del diálogo”,

que debe difundirse desde las aulas escolares en todos los niveles, donde frecuentemente se experimenta la dimensión intercultural.

Globalizar la esperanza
El texto se refiere también a “Globalizar la esperanza”, e implica que la educación al humanismo solidario “debe partir de la certeza del mensaje de esperanza contenido en la verdad de Jesucristo. Compete a ella, irradiar dicha esperanza, como mensaje transmitido por la razón y la vida activa, entre los pueblos de todo el mundo”.

“Globalizar la esperanza es la misión específica de la educación al humanismo solidario. Una misión que se cumple a través de la construcción de relaciones educativas y pedagógicas que enseñen el amor cristiano, que generen grupos basados en la solidaridad, donde el bien común está conectado virtuosamente al bien de cada uno de sus componentes, que transforme el contenido de las ciencias de acuerdo con la plena realización de la persona y de su pertenencia a la humanidad”, especifica.

Inclusión
En cuanto a la inclusión, apunta a que cada ciudadano se sienta participante activo en la construcción del humanismo solidario. “Los instrumentos utilizados deben favorecer el pluralismo, estableciendo espacios de diálogo finalizados a la representación de las instancias éticas y normativas. La educación al humanismo solidario debe tener una especial atención para que el aprendizaje de las ciencias corresponda a la conciencia de un universo ético donde la persona actúa. En particular, esta recta concepción del universo ético tiene que avanzar hacia la apertura de horizontes del bien común progresivamente más amplios, hasta llegar a toda la familia humana”.

Para que sea una verdadera inclusión, señala, es necesario “construir una relación de solidaridad con las generaciones que nos precedieron”. Comprender la relación fecunda entre el devenir histórico de una comunidad y su vocación al bien común y al cumplimiento del humanismo solidario “implica la formación de una conciencia histórica, basada en la conciencia de la indisoluble unidad que lleva a los antepasados, a los contemporáneos y a la posteridad a superar los grados de parentesco para reconocerse todos igualmente hijos del Padre, y por lo tanto en una relación de solidaridad universal”, concluye.

Redes de cooperación
En cuanto a las redes de cooperación, se considera evidente “la necesidad de hacer converger las iniciativas educativas y de investigación hacia los fines del humanismo solidario”. Construir redes de cooperación “significa activar dinámicas incluyentes, en constante búsqueda de nuevas oportunidades para introducir en el propio circuito de enseñanza y aprendizaje sujetos distintos, especialmente aquellos que les resulta difícil aprovechar un plan una formación adecuado a sus necesidades”.

El surgimiento de redes de cooperación “ofrece descentralización y especialización”. En una perspectiva de subsidiariedad educativa “se favorece el intercambio de responsabilidad y de experiencia, esencial para optimizar los recursos y evitar los riesgos. De esta manera se construye una red no sólo de investigación sino — sobre todo — de servicio, donde uno ayuda al otro y se comparten los nuevos descubrimientos”.

Conclusiones
Entre sus conclusiones, el documento expone que:

“hoy, como en todas las épocas, la Iglesia católica tiene todavía la responsabilidad de contribuir, con su patrimonio de verdades y de valores, a la construcción del humanismo solidario, para un mundo dispuesto a actualizar la profecía contenida en la Encíclica Populorum progressio”.

Además, “para dar un alma al mundo global, atravesado por constantes cambios, la Congregación para la Educación Católica vuelve a lanzar la prioridad de la construcción de la ‘civilización del amor’, y exhorta a todos los que por profesión y vocación están comprometidos en los procesos educativos —en todos los niveles— a vivir con dedicación y sabiduría dicha experiencia, según los principios y los valores enucleados”.

“Los temas y los horizontes para explorar — a partir de la cultura del diálogo, de la globalización de la esperanza, de la inclusión y de las redes de cooperación — solicitan ya sea la experiencia formativa y de enseñanza que las actividades de estudio y de investigación. Será necesario, por lo tanto, favorecer la comunicación de dichas experiencias y los resultados de las investigaciones, con la finalidad de permitir que cada sujeto comprometido en la educación al humanismo solidario comprenda el significado de su propia iniciativa en el proceso global de la construcción de un mundo fundado sobre valores de solidaridad cristiana”, finaliza.

Fuente: http://www.aica.org/30377-presentaron-en-la-santa-sede-el-documento-educar-al-humanismo.html

 


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